En su más reciente informe, Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional advirtió que en estos momentos la economía mundial se enfrenta a tres riesgos fundamentales: a una desaceleración dolorosa del crecimiento; a serias preocupaciones sobre el sistema bancario mundial; y a temores de que el aumento de las tasas de interés podría reducir los préstamos bancarios.

Para el organismo crediticio internacional, “la niebla en torno a las perspectivas económicas mundiales se ha tornado más espesa” y, por consiguiente, un aterrizaje forzoso, que implicaría una situación de recesión para la economía mundial, constituye en la actualidad un riesgo mayor. Por supuesto, ese es el pronóstico más sombrío sobre la economía mundial que se haya proyectado desde cuando se consideró que la política de emisión monetaria asumida por los bancos centrales como reacción a la severa contracción causada por la pandemia del Covid-19, conduciría a un inalterable proceso de reactivación.

Desafortunadamente, no resultó así. Ese proceso de emisión monetaria provocó una situación inesperada de inflación, que en principio se consideró que sería de corta duración. Pero, al irse prolongando en el tiempo y convertirse en la de más alto nivel de los últimos 40 años, obligó a la aplicación de medidas restrictivas, mediante el aumento de las tasas de interés.

Ahora resulta que ese aumento de las tasas de interés ha generado otro daño no previsto: el de una presión sobre el sistema financiero, hasta el extremo de haber causado ya la quiebra de dos bancos en Estados Unidos, el Silicon Valley Bank y el Signature, así como el rescate del Credit Suiss en Europa por parte de UBS.

Para el FMI, aunque la turbulencia sobre el sistema financiero por el momento ha cesado, el riesgo aún persiste. No en los términos de la crisis financiera del 2008, que fue la más aguda y profunda desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado, sino en el sentido de que las quiebras bancarias no suelen ser episodios aislados, sino acontecimientos en cadena, aunque tarden en producirse.

EL CASO DOMINICANO

Al igual que ocurre con la economía mundial, respecto de la cual el FMI ha hecho para su pronóstico de crecimiento en el 2023, una reducción a 2,8 por ciento, en el caso de la República Dominicana, también el crecimiento económico nacional se estimó hacia la baja en 4.25 por ciento.

Pero si se toma en consideración que después del Banco Central haber anunciado un crecimiento espectacular de 4.7 por ciento en abril de 2021, ahora resulta que en enero y febrero de este año, el crecimiento acumulado ha sido de tan solo 1.1 por ciento, sería lógico concluir, entonces, que se ha producido un colapso en la economía dominicana.

Esos datos de crecimiento durante los dos primeros meses de este año se encuentran muy por debajo de lo alcanzado en enero y febrero del 2022, que fue de 6.0 por ciento, lo que indica una disminución de 4.9 puntos porcentuales.

Los sectores económicos que se han visto más afectados por la caída en el crecimiento han sido correspondientes al área doméstica, como son, construcción, -11.5 por ciento; comercio, -0.7 por ciento; y minas y canteras, con -2.8 por ciento.

Todo eso equivale a decir que, desde inicios de este año, la construcción ha estado literalmente paralizada. En términos generales, no hay nuevas construcciones de apartamentos, ni de oficinas, ni de establecimientos comerciales.

¿La razón de esa inactividad de la economía dominicana?

Fundamentalmente, el alza de las tasas de interés. Estas han subido de manera tan alarmante para los que necesitan del acceso al crédito para iniciar nuevos proyectos, que se han visto impedidos de realizar sus iniciativas.

Pero, de igual manera para los adquirientes de viviendas, el alza de los precios, movido por las tasas de interés, coloca fuera de sus alcances lo que en otros tiempos se había convertido en una industria próspera por las facilidades crediticias que ofrecía.

Al igual que ocurre en el ámbito de la economía mundial, en República Dominicana, al intentar controlar la inflación con aumento en las tasas de interés, se ha frenado el crecimiento económico.

Pero la inflación ha sido un fenómeno tan persistente que aun aplicándose la política monetaria restrictiva correspondiente no logra reducirse lo suficiente, alcanzando un 5.9 por ciento interanual en marzo de 2023.

En los últimos dos años y medio, la inflación ha rondado el 24 por ciento, lo cual es preocupante, y actualmente la subyacente, que excluye elementos volátiles y coyunturales, se sitúa en un 6.16 por ciento, ambas cifras muy por encima del 4 por ciento de la meta del Banco Central.

PERSPECTIVAS DEL BANCO MUNDIAL

Pero si las proyecciones de corto plazo del FMI de un aterrizaje forzoso de la economía mundial conducen a una recesión, las tendencias de largo plazo del Banco Mundial son de que por debajo de la superficie se está creando una turbulencia.

En efecto, de conformidad con el reciente libro publicado por el organismo mundial, bajo la dirección de los destacados economistas, M. Ayhan Kose y Franziska Ohnsorge, titulado, Falling Long-Term Growth Prospects (Caída a Largo Plazo del Potencial de Crecimiento), una desaceleración estructural del crecimiento está teniendo lugar en el marco de la economía mundial.

Eso, por supuesto, es lo más grave que se haya podido sostener. Ya no sólo es que en el corto plazo el panorama es de amenaza recesiva, sino que hacia el futuro el pronóstico es de estancamiento económico.

De acuerdo con el estudio, conforme a las tendencias actuales, la tasa potencial de crecimiento, que es la máxima a la que una economía podría expandirse sin generar inflación, tendrá la más grande caída en 30 años, en lo que resta de esta década.

Se trata, pues, de una década perdida para la economía mundial, debido a que las fuerzas que contribuyeron a promover el crecimiento y la prosperidad desde los años 90, se han debilitado.

Los niveles de inversión y los factores de productividad están en declive; y la fuerza laboral global está en proceso de envejecimiento y no hay una nueva fuerza en expansión que le pueda sustituir.

El crecimiento del comercio internacional es ahora más débil de lo que fue hace 20 años y China no tendrá los niveles exorbitantes de crecimiento económico que tuvo, impulsando, en parte el aumento de precio de los commodities.

El estudio del Banco Mundial concluye casi en términos apocalípticos: “Un declive amplio y persistente de largo plazo en términos de crecimiento, impide la capacidad de los países en desarrollo para combatir la pobreza, enfrentar el cambio climático y enfrentar otros objetivos.”

Ojalá la lectura de esos documentos del FMI y el Banco Mundial no pasen inadvertidos entre los actuales funcionarios del área económica del gobierno dominicano.

 

Fuente: Listín Diario

Leonel Antonio Fernandez Reyna

Acerca de

Dominicano. Abogado. Presidente de la República 1996-2000; 2004-2012. Presidente de @FPComunica, @FUNGLODE y la @WFUNA.